
La segunda jornada de este domingo y última de la competición de SailGP en la ciudad de Cádiz, sexta entrega del circuito de la denominada Fórmula 1 del mar, se convirtió en un auténtico ejercicio de supervivencia. Al contrario lo que sucedió el viernes con el aperitivo del Trofeo Juan Sebastián de Elcano y el sábado con las primeras tres carreras, este domingo el viento de levante hizo acto de presencia y el resultado no puso ser más accidentado.
En la jornada de hoy, la entrada en escena de Eolo motiva que los catamaranes voladores saquen el máximo rendimiento a sus características y alcancen velocidades que, sin aire, se antoja imposible. En realidad, lo que pudo observarse de un día para otro en la improvisada tribuna del Paseo de Santa Bárbara y el de Carlos III parecen dos deportes distintos. Así de simple.
En la gran final, ya con sólo tres barcos y mucho más espacio en el campo de regatas para realizar maniobras sin riesgo de colisiones, un tempranero error del laureado Ben Ainslie acabó con el sueño de Gran Bretaña, que sufrió un vuelco lateral sin consecuencias para la tripulación. El daño colateral afectó a los norteamericanos, que en la parte alta del campo de regatas se quedaron frenados y cedieron una distancia ya insalvable respecto al equipo australiano.

En efecto, Tom Slingsby no asumió riesgos innecesarios y, prácticamente con una puerta de ventaja, Australia se presentó en meta como ganador del Gran Premio de Cádiz. La afición, que al no poder alentar a los suyos no se decantó con claridad por ninguno de los contendientes, espoleó a Estados Unidos cuando tras superar la quinta puerta buscó la llegada en una lucha contra el crono para no rebasar los 15 minutos de límite. Le faltaron apenas cinco segundos para conseguirlo.








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