El 23 de febrero de 1981 la gran mayoría de la sociedad española tuvo miedo y desesperanza. Algunos altos mandos militares dieron un golpe de Estado que pudo haber finiquitado la incipiente democracia española tras casi 40 años de dictadura franquista.
El golpe fracasó, pero los militares sublevados lograron tomar el control del Congreso de los Diputados, sede de la soberanía popular española, y retener a los diputados durante horas el día en el que se iba a votar la investidura del candidato a presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, de la Unión de Centro Democrático, que debía suceder al frente del Ejecutivo a Adolfo Suárez, que había dimitido el 29 de enero.
El teniente coronel Antonio Tejero, acompañado de un grupo de guardias civiles, irrumpió en el hemiciclo a las 18.23 horas, cuando los diputados estaban votando en la investidura, al grito de ‘Quieto todo el mundo’ y ordenó a sus señorías que se tirasen al suelo. Tejero y sus acompañantes llegaron a lanzar disparos al aire con pistola y subfusiles.








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