
Falta de aire, cansancio, migrañas, dolores musculares, problemas gástricos, falta de
concentración o pérdida de memoria son algunos de los síntomas que padecen las y los
afectados de COVID-19 Persistente. Lo hemos ido advirtiendo desde los colectivos de Long
COVID ACTS (Autonomous Communities Together Spain), estos últimos meses: los menores –
aunque pueden desarrollar una sintomatología inicial distinta a la de los adultos, o incluso ser
asintomáticos- también pueden verse afectados por la COVID-19 Persistente. Niños y
adolescentes en plena edad de crecimiento que ya no pueden realizar sus actividades
escolares o de ocio de la misma manera que sus compañeros, creando situaciones complejas
y dolorosas, tanto para los afectados como para sus padres y educadores.
Un reciente estudio llamado ‘Children and Young People with Long COVID (Clock)’-el mayor
hasta la fecha- financiado por el Instituto Nacional de Investigación en Salud e Innovación del
Reino Unido, ha evidenciado que uno de cada siete niños y adolescentes de entre 11 y 17 años
que contrajeron el SARS-CoV-2 seguían sufriendo síntomas persistentes tres meses después del
contagio. Los síntomas más comunes informados fueron dolores de cabeza y cansancio.
Además, un 30% de los que dieron positivo por COVID-19 tenían tres o más síntomas, en
comparación con el 16% de los que dieron negativo, lo cual permitió a los investigadores concluir
que el 14% de los menores que dieron positivo en la prueba de COVID-19 tenían síntomas
persistentes. Otros estudios anteriores ya lo advertían, así como la Sociedad Española de
Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SPEAP)iii. Las ‘recomendaciones para el manejo
clínico de niños y adolescentes con COVID-19 persistente en Cataluña’ también son una buena
herramienta para abordar la enfermedad en esta franja de edad.
En Badalona, el Hospital Germans Trias i Pujol (Can Ruti) creó de hecho una Unidad de COVID19 Persistente pediátrica el pasado 15 de diciembre de 2020 donde, a julio de 2021, ya atendían
a unos 100 pacientes menores de edad.
Es por lo tanto fundamental tener en cuenta la morbilidad y no sólo la mortalidad, apoyar a la
comunidad médica en particular -y la sociedad en general- en la comprensión de la COVID-19
Persistente en los menores y asegurarse de que se incluyan en la narrativa de esta nueva
patología. Se debe facilitar la implementación de espacios seguros en los centros educativos
para proteger a los niños y al personal docente del riesgo de salud a largo plazo y, por último,
ayudar a los niños y adolescentes afectados de COVID-19 Persistente a no perder su curso
escolar creando sinergias con el Ministerio de Educación y Formación Profesional, así como
soluciones individualizadas con los centros escolares correspondientes.
¿Cómo se está iniciando este nuevo curso tras el relajamiento de las medidas sanitarias? ¿Se
están tomando las precauciones suficientes para evitar que se contagien los pequeños de la
casa? ¿Qué medidas se han implementado en los centros educativos para ayudar a las y los
niños y adolescentes afectados de COVID-19 Persistente? ¿Se está proveyendo a las familias
de la información adecuada para la identificación precoz del desarrollo de síntomas
compatibles con COVID-19, tal y como lo recoge la ‘guía de actuación ante la aparición de casos
de COVID-19 en centros educativos del Ministerio de Sanidad con fecha 7 de septiembre de
2021?
Éstas son muchas de las preguntas que, desde los colectivos Long COVID ACTS, nos
estamos formulando desde hace meses con preocupación.
Se comunicó durante mucho tiempo, de manera errónea, que los menores de edad no se
contagiaban, no podían transmitir el virus o incluso no podían padecer COVID-19 persistente. Se
les derivó incluso a Salud Mental en numerosas ocasiones. Unas afirmaciones que, tras 18 meses
de pandemia, sabemos ahora que no son ciertas. A menor contagio, por lo tanto, menor riesgo
de padecer COVID-19 persistente. Proteger de la COVID-19, en adultos como en menores, es
proteger de la COVID-19 Persistente.
Las recomendaciones para evitar los contagios son sencillas: realizar todas las actividades
posibles al aire libre, ventilación cruzada continuada en las aulas, utilizar medidores de Co2 y
filtros HEPA, usar las mascarillas reglamentarias, mantener la distancia social, lavarse las manos
regularmente, bajar las ratios de estudiantes por docente y potenciar la educación online para
los estudiantes más vulnerables que lo necesiten. Pero también, se debe poder realizar desde
los centros una detección temprana de los problemas relacionados con la sintomatología
persistente, sobre todo a nivel neurológico (pérdida de atención, de memoria, migrañas, etc.)
de la mano de los profesionales de la Salud correspondientes, e implementar refuerzo escolar
a los estudiantes que lo necesiten,
Desde los colectivos de afectadas y afectados Long COVID ACTS, agradecemos al personal
docente su labor, y pedimos a las autoridades competentes que tengan en cuenta esta nueva
enfermedad a la hora de establecer medidas en los centros educativos. Una sociedad sin
juventud está condenada al fracaso. Ayudémosles a tener el futuro que se merecen; no dejemos
que, ellos también, vivan atrapados en el cuerpo de un anciano.








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