
Presionado por las circunstancias, España respondió con una determinación formidable ante una situación límite contra Eslovaquia (0-5), a la que doblegó con la misma rotundidad que no tuvo ni contra Suecia ni contra Polonia, tan beneficiado por los errores de su adversario, con el ridículo gol del portero Dubravka como expresión máxima, como merecedor incontestable de la victoria que lo relanzó a los octavos de final de la Eurocopa 2020.
Como segunda de grupo, ahí aguarda -el lunes 28 de junio en el estadio Parken de Copenhague- Croacia, tan irregular e imprevisible como España en la primera fase, pero aún la subcampeona del mundo del ingenioso Luka Modric; el próximo desafío para la revitalizada selección española, que no tiene ninguna explicación más veraz para tal posición que la pegada.








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