El esperado discurso de Navidad de Felipe VI tuvo como eje central la situación de la pandemia y la necesidad de actuar unidos frente a la crisis económica y dejó el asunto de su padre relegado a un segundo plano, con lo que se pretendió que el guión fuera el de un mensaje «de Estado y no de familia».
La expectación que rodeó a la alocución televisada del rey, la más relevante de las que protagoniza al cabo del año, se ha visto frustrada a ojos de una parte de la clase política, mientras que para otra ha fortalecido la figura de don Felipe en un momento en el que la Corona ha pasado a estar en la primera línea de debate.








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